El sol no quema igual

La playa por segunda vez se llevó al amor de mi vida, y en esta ocasión me sospecho igual, definitivamente, y para siempre, será la suavidad de la arena, el volumen del pacífico, la salinidad del agua marina, los rostros rojizos, la comodidad de un hotel, es un hechizo, que seduce y transforma, al regreso, a la dama de vida, que partió sin una despedida digna de mi amor; y esto lo aseguro aunque mi amor sea más grande que todos los océanos, el pacífico es más encantador, seductor y avasallador que las tibias sábanas que cubren mi cama, y el sonido de que emerge cuando se rompen las olas, más cálido que una palabra húmeda mía al oído.

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