2. «…Los adjuntos…»

Abraham se levanta y sale de la cama. Junto al espejo adquiere la forma de una silueta. Mis ojos se posan en su verga colgante. Casi tiene aspecto culpable, atrapada en un triángulo de luz de luna al abrir las persianas. «No lo entiendo.» Se vuelve y tomo nota de esa sonrisa patibularia de descargo mientras la luz decolora su espesas patillas hasta tornarlas plateadas. También pone en relieve las bolsas que tiene bajo los ojos y el antiestético colgajo de carne que tiene debajo de la barbilla.

Resumen de Abraham: pendejazo maduro, acerca del cual debemos agregar ahora: proezas sexuales en franco declive e interés social e intelectual menguante, ya va llegando ese momento. Y de que manera, Dios mío.

Me estiro en la cama, notando lo frías que tengo las piernas y retorciéndome para expulsar el último espasmo de frustración. Dándole la espalda me llevo las rodillas hasta el pecho. «Se que parecerá un cliché, pero nunca me había sucedido es como si… Este año esos hijos de puta me hayan puesto cuatro horas extra de seminarios y dos de clases. Ayer me quede toda la noche levantado corrigiendo trabajos. Miranda me la esta haciendo pasar canutas y los críos son de un agotador que te cagas… No tengo tiempo para ser yo mismo. No tengo tiempo para ser Abraham Meza. En cualquier caso ¿A quién vergas le importa Abraham Meza?»

Apenas oigo esa lastimera elegía a las erecciones perdidas  mientras emprendo el descenso de la escalera de la conciencia  que conduce al estado del sueño.

« ¿Nikki? ¿Me estas escuchando?»

«Mmm…»

«Creo que tenemos que normalizar nuestra relación. Y no es una decisión precipitada. Miranda y yo somos historia. Sé lo que vas a decir: sí, ha habido otras, otras estudiantes, claro que sí», dice, dejando que se instale un aire de satisfacción en su tono de voz. Quizá el ego masculino sea frágil, pero en lo que a mi experiencia se refiere, no le cuesta demasiado recuperarse. «Pero eran todas adolescentes y sólo se trataba de un poco de diversión intrascendente, el caso es que tu eres más madura, tienes diecinueve años, no hay tanta diferencia de edad entre los dos y contigo es distinto. No sólo un…, quiero decir, ésta es una relación real, Nikki, y quiero que sea…, pues eso, real. ¿Entiendes lo que te quiero decir? ¿Nikki? ¡Nikki!»

Tras haberme incorporado a la retahíla de polvos estudiantiles de Abraham Meza, supongo que ser ascendida al estatus de amante en toda regla debería resultarme grato. Pero como que no.

Abraham Meza, ΠΟBΟDЧ, en la obra Porno de, Irvine Welsh, 2002

EDITORIAL ANAGRAMA, S.A., 2005.

Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia, los nombres de Nikki y Miranda no han sido modificados, siguen igual que en Porno, sólo cambie el Colin Addison por el mío, «Es un honor», rizos por patillas, polla por verga, veinticinco por diecinueve y cojones por verga.

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