El cuello

3 de la mañana, despiertas después de un sueño tan lúcido y claro que te sentías en la playa; toda esa inmensidad turquesa, alguien abrazado a tu cuello diciéndote lo cálida que parece el agua.
-Los cuerpos, me entiendes, los cuerpos.           Aún puedo sentirlo; ese hálito húmedo:            ¡Ah! el tabaco de unos blancos que fumas con alguna frecuencia, ¡ah! las blueberries…

Un pestañeo, acomodo la parte más caliente de mi cuerpo, en la más tibia de mi cama (la fría es los pies) y, finjo que duermo; encontrándonos de nuevo en esa playa,  pero ahora sobre la arena…

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